La navidad que se acerca no sera Igual

Primero, las señales de algo que no anda bien, poco después el diagnóstico del médico: un cáncer linfático, más tarde el tratamiento con sus secuelas muy molestas. ¿Cómo enfrentar la realidad de una enfermedad devastadora? ¿Cómo mantener a la familia unida y fortalecida en medio de dolor y la inminencia de la muerte? La autora nos comparte su experiencia.

estamos a un mes de navidad. El árbol aún estaba armado, y juguetes y algunos moños de los regalos permanecían aún dispersos por el suelo. Unas pocas horas antes habíamos despedido a los familiares que nos visitaron. Estaba recostada en el sofá, vestida en mis pijamas, pasando el atardecer mirando televisión junto a mi hermano que hoy esta en coma ,el se llama Juan. Nuestros demas hermanos ya tienen su Familia, Maria Esther de tres años y Alvaro de uno,  mi querido sobrino que nos visitaba, estaba sentado cerca de su papá en la silla grande. Yo sonreía. Cuán bendecida era. planche mis pijamas, y mi mano rozó la mano de mi hermano y senti un bulto sobre la cabeza de Juan cuidadosamente toqué nuevamente el lugar. Sí, algo duro estaba allí, un bulto de la medida de una uña. Hice una nota mental para llamar a la enfermera a la mañana siguiente y volví la atención a la televisión.

la doctora no pareció preocuparse pero ordenó una tomografia para la siguiente semana «sólo para asegurarnos». Las cosas comenzaron a suceder rápidamente después de aquello. La tomografia mostró no sólo el bulto sino también una calcificación en el centro del cerebro. Ahora me estaba poniendo nerviosa. El especialista anotó en su agenda una biopsia de emergencia, que confirmó la sospecha, era cáncer. La doctora  trató de ser amable cuando me informó, pero yo comencé a sollozar.
Mi hermano Juan tiene un tumor  me envolví a sus brazos, luchando con su propio dolor, y le dije: «Seremos fuertes y valientes, Dios nos sostendrá».

Tres días más tarde, cuando hicieron la tomografia, descubrieron un cáncer extendido en mi ganglio linfático. A esto se agregó una agresiva quimioterapia durante los cuatro horribles meses siguientes. Ah perdido su cabello, ah vomitado constantemente y encontré que la comida tenía sabor a metal pero así tenia que hacerla comer ah través de la sonda. Me dije a mi misma, si puede soportar cuatro meses de quimioterapia, puede soportar cualquier cosa. Me mantuve asida del Señor, confiando en él para atravesar cada tratamiento. También fui fortalecida por todo el amor y ayuda práctica que derramó sobre mí toda la familia de la iglesia durante esos meses. Proveyeron comidas y cartas para recordarnos que todos ellos oraban por nosotros. Especialmente aprecié que también incluyeran a los niños y a Juan en sus oraciones.

Para explicar a Maria Esther y a alvarito lo que estaba sucediendo, llamé a la quimioterapia una «medicina especial», y les dije que a veces le haría sentir mal y muy cansado. Ellos lo aceptaron y nos arreglamos para pasar por el tratamiento con montones de abrazos. En la primavera, un estudio mostró que el cáncer estaba debilitado. Terminó la quimioterapia, y nuestras vidas volvieron a su curso.

OTRAS VACACIONES

A medida que recobraba las fuerzas, armé un collage con todas las tarjetas que había recibido y lo colgué en mi dormitorio para que me recordara el amor que había fluido a nuestro alrededor. De mi hermano También comencé un diario con mensajes especiales para cada miembro de la familia. esas cosas que a menudo quedan sin decir.

el ha perdido  el control de su  brazo derecho Fui a ver la doctora y ella inmediatamente ordenó un estudio profundo.

 descubrimos que el cáncer había llegado a su cerebro y se había asentado allí en forma de tres tumores inoperables. Al siguiente día comencé con radiaciones sobre su cabeza de mi hermano. Estaba agradecida de que el doctor dijo que podía seguir trabajando como secretaria mientras pagaba las radioterapias y quimioterapias que le hacen a Juan . Mi trabajo me ayudó a distraerme del tratamiento que hoy le hacen ah Juan con cobalto cada día a las cuatro de la tarde y durante 27 días. Aún recuerdo el distintivo olor que provenía de la luz azul al comenzar la radiación y vi a mi hermano en coma después de esa radioterapia. Justo cuando su cabello estaba creciendo, grueso y enrulado, lo perdió nuevamente. Pero los niños estaban acostumbrados a ver a su tío calvo
De hecho, alvaro no recordaba haber visto su cabello. Maria esther era más viva, así que se dio cuenta rápidamente que mi hermano estaba enfermo. Cuando pedía detalles de la operación, yo le explicaba exactamente lo que había sucedido. Le dije que tenía cosas malas en su cabecita y en su medula , y que el doctor tenía que sacarlas. Cuando pedía ver su lastimadura, yo le dejaba ver la cicatriz. La estudiaba por un largo rato, y luego preguntaba «¿Te duele? Tío ».

Yo sacudía su cabeza. «No, ahora no». El mostrarle la cicatriz, parecía ayudar. Aprendí que los niños crean grandes miedos cuando no tienen respuestas a sus preguntas. Pronto ella me ayudaba a ponerle la peluca cuando iba a la iglesia o al trabajo. Pero en casa podía usar un turbante o simplemente dejar su cabeza calva. Los niños aceptaron su calvicie así como en el pasado habían aceptado un peinado distinto.

Un día, cuando los dejaba en la guardería, salí del bus, fui a abrir la puerta de atrás y al reflejarme en la ventanilla vi a mi hermanio, y me di cuenta que había olvidado la peluca en casa. Maria esther vio mi sorpresa y comenzó a reírse tanto que perdió su aliento. No se le había ocurrido recordarme Cuando me besó al despedirse aún se atragantaba con la risa.

Tuve que volver a casa y llamar a mi jefe y decirle: «Tengo la excusa más loca que usted haya oído en su vida: olvidé el cabello de mi hermano esta mañana».

LAS VICTORIAS DE HOY

Hoy, Maria Esther  tiene 1 año y Álvaro 4. Yo tuve numerosos retrocesos y estuve acompañando a mi hermano en las quimioterapias cada fiesta importante desde su primer diagnóstico. Pero aún nos gusta ir a cenar afuera de vez en cuando, alquilar películas tontas, jugar en el parque y sentarnos juntos cada domingo en la iglesia con Juan .

En Navidad continuamos adornando la casa y armamos un gran árbol. Por supuesto, no cuelgo tantos adornos como acostumbraba, pero aún hacemos de nuestras Navidades algo especial. Hacemos las cosas tradicionales como cualquier otra familia, incluyendo el ir al culto de las velas e invitar a otros a asistir. Me siento bendecida de tener siempre alguien alrededor que me ayuda, ya sea a cocinar, o hacer la limpieza o cuidar de los niños. Por que sola no me doy a vastos pero se acerca la navidad y no será igual