Preguntas Incomodas
Mi Sobrina Maria Esther acaba de descubrir las delicias de la época del “¿por qué?”
“¿Por qué vamos en el autobús?”
“Porque nos vamos a mojar si no lo hacemos”.
“¿Por qué nos vamos a mojar?”
“Porque está lloviendo”.
“¿Por qué está lloviendo?”
Muchos padres ya deben conocer la rutina: uno entrega un poco de información como respuesta a una pregunta sencilla, e inmediatamente está librando una batalla para explicar la humedad, la caída de la lluvia y el ciclo climático.
La mayoría del tiempo es divertido. Me encanta la manera en que mi sobrina absorbe información.
Pero algunas de estas preguntas están llevando a respuestas que no sé cómo manejar.
“¡Mi abuelo es el papá de mi papá!” anunció el otro día con alegría.
Luego se dirigió a mi padre y le preguntó: “¿dónde está tu papá?”
“Se fue”, le contestó mi padre.
“¿A dónde?”, quiso saber.
Hace poco me entregaron un libro de una australiana, Susanne Krejsa, que explica cómo hablarles a los niños sobre el cáncer. No lo he leído todo, pero me abrió los ojos.
De alguna manera, mis sobrinos no tienen conciencia de cómo era yo antes de tener cáncer, y por esto nunca me he sentado a pensar cómo, cuándo y qué decirles.
KREISA pone muy en claro que los niños que no son incluidos en la enfermedad de sus padres sufren mucho. Ellos perciben todos los sentimientos y la ansiedad, pero no cuentan con la explicación; los más jóvenes se culpan a ellos mismos. Mi hermana y yo estamos comenzando a decidir qué decirle a Maria Esther y Alvaro . No es fácil. Y la verdad, tenemos miles de problemas más con los cuales lidiar. Me han contado que hay libros que explican como introducir a los niños al concepto de la pérdida de un ser querido.
Pero me dan ganas de llorar al pensar que ella tendrá que pensar en cosas como esa desde tan temprano en su vida. Sin embargo, pienso que he leído lo suficiente como para convencerme de que no puedo dejar pasar mucho tiempo más.